lunes, 9 de septiembre de 2013

Cada maestrito...


Sabemos que hay maestros de Canto con buena intención pero poca técnica. Que algunos pueden ser notables artistas pero pésimos con las explicaciones… Los conceptos anatómicos, los movimientos que no siempre entendemos. Y en el medio, uno y sus ganas de cantar. ¿Cómo sé si lo que me están enseñando está bien?


La mejor manera de estar seguro de nuestro aprendizaje es tomar las riendas, ser nuestro propio maestro. Esto no quiere decir no buscar una guía o cuestionar constantemente las enseñanzas que recibimos, pero sí hacernos responsables de entender el funcionamiento de las cosas y de registrar principalmente la comodidad de nuestras gargantas.


Un ejemplo: a veces puede parecer que una técnica no es buena porque nos resulta complicada de entender, dentro de nuestro paradigma personal. Entonces, deberíamos preguntarnos si nos relaja la garganta o si, por el contrario, además de ser complicada no logra que dejemos de sentir presiones o incomodidades en la zona. Otras veces, una técnica que “nos queda cómoda” puede hacernos doler la garganta o incluso llevarnos a tener problemas vocales.



Lo importante es discriminar qué tipo de incomodidad estamos sintiendo. ¿Es “espiritual” (por frustraciones o expectativas que tardan en cumplirse o por el esfuerzo nuevo que debemos hacer con el cuerpo, que puede cansarnos o darnos fiaca)? Si ese es el caso, sería bueno trabajar internamente para superarlas, si realmente queremos cantar mejor. Ahora, si la incomodidad es de la garganta y no mejora con las clases, tenemos una prueba contundente de que esa técnica o ese docente no funcionan para nosotros.
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